|
|
IGLESIA-MUSEO DE SAN SEBASTIÁN DE LOS CABALLEROS
Tomás del Bien Sánchez
En 1997 la Fundación González Allende, la cual estaba encargada de la iglesia y las pinturas, por medio de su presidente D. José Navarro Talegón, solicita las licencias necesarias para llevar a cabo la adaptación al museo. Dicha adecuación del templo, propuesta por la fundación, constaba de tres puntos: 1.- Restauración de las pinturas murales y su nuevo montaje, consolidación de los murales barrocos del entorno del retablo mayor y limpieza de éste, a cargo de la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid bajo la dirección del profesor D. Guillermo Fernández García. 2.- Actuación de albañilería, cantería, carpintería y electrificación sobre la iglesia y la sacristía a cargo del arquitecto D. Joaquín Hernández. 3.- Desmontado de los retablos laterales, imprescindible para exponer adecuadamente las pinturas y su traslado y colocación definitiva en el templo de Santo Tomás Cantuariense.
Los aspectos organizativos, la gestión y la financiación del museo la lleva a cabo la Fundación González Allende. El edificio es propiedad del obispado de Zamora y es un templo agregado a la parroquia de Sto. Tomás Cantuariense. Al frente de dicha fundación se encuentra D. José Navarro Talegón, ex-comisionado de Patrimonio de la provincia de Zamora y persona que lleva la dirección del museo y se encarga de gestionarlo. La financiación del museo la realiza la Fundación González Allende, la cual recibe distintas subvenciones procedentes de organismos e instituciones públicas y privadas. Las funciones y los objetivos del museo son exponer y dar a conocer una serie de pinturas murales de temática religiosa dedicada a varios santos. Junto a las pinturas se expone arte mueble y objetos. Uno de los objetivos fundamentales es el de intentar ubicar las pinturas en su época de esplendor medieval y así que el visitante las vea lo más próximas posibles a su carácter original. Para ello la iglesia mantiene las condiciones óptimas para la conservación de la obra en cuanto a iluminación, humedad, temperatura, etc.. Las pinturas reciben una iluminación indirecta artificial por medio de focos de luz sobre ellas.
La iglesia-museo de San Sebastián de los Caballeros expone las pinturas murales procedentes del monasterio de Santa Clara. Dichas pinturas se descubren en 1955 mientras una religiosa limpiaba el coro del monasterio. Se trata de unas pinturas de la etapa de transición al gótico, datadas alrededor de la tercera década del S.XIV, momento en el que el monasterio sufrió una remodelación. Su soporte originario era el mortero de cal que revestía los muros de tapial del coro. En el año 1962 los rectores de un organismo oficial se prestan a adquirirlas a precio de saldo. Las pinturas son arrancadas del muro y se trasplantan a lienzos que después se fijan en soportes rígidos. Se exponen en Madrid en 1967 y se pretenden instalar en San Juan de los Reyes de Toledo. Desde Toro se pide la restitución a la ciudad, intensificando esa reclamación con la noticia de su traslado a Cuenca en 1973. Finalmente, el 29 de julio de 1977 las pinturas regresan a Toro. Son depositadas en la iglesia de San Sebastián, destinada a acogerlas. Una vez allí se colocan con la secuencia fragmentada, en improvisados soportes con placas de aglomerado. Las pinturas se mantienen así hasta 1997 en que un equipo de la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid llevó a cabo la consolidación y limpieza de las pinturas en una campaña de verano promovida y financiada por la Fundación González Allende. El objetivo fundamental de la restauración fue devolver el carácter original a unas pinturas murales que debido a las técnicas de arranque con las que se extrajeron del muro y su posterior montaje en paneles rígidos no unificados, se encontraban seriamente alteradas. Al encontrarse en soportes rígidos, la corrección se centró en la adecuación de éstos para su nuevo montaje en el que desaparecerá la fragmentación existente. Así se integran las pinturas en un entorno arquitectónico pasando a formar parte de la estructura del edificio. Para ello se efectúan los siguientes pasos: - Adecuación de las saturaciones originales por impregnación de un consolidante. - Adhesión de película pictórica - Refuerzo de los soportes mediante estratificados de poliéster y fibra de vidrio - Estudio de los volúmenes perdidos que son necesarios para una mejor lectura de los restos originales. Se fabrican soportes livianos. -Elaboración de lagunas inertes que tapan las juntas de paneles -Montaje de éstos con tubos de aluminio al muro. - Reintegración de las lagunas con acrílicos y lápices acuarelables, mediante una técnica a puntos proyectados para los fondos y rallado en los perímetros, para imitar un desgaste natural. - Adecuación estética de las pinturas al edificio con el montaje de pladur alrededor hasta un nivel adecuado, que sitúa el mural en un nivel de percepción inferior a éste, simulando una sucesión lógica de cubriciones murales.
Tras estas intervenciones las pinturas murales estaban preparadas para ser expuestas. Las pinturas corresponden a la primera fase del gótico lineal o franco-gótico, que todavía no conoce la perspectiva. Aproximadamente serian realizadas en la tercera década del S.XIV. La composición es sólo de dos dimensiones. Las trazas lineales y la caligrafía grácil y espontánea funcionan como esqueleto sustentante de los colores. Los frecuentes arrepentimientos hablan de la rapidez con la que se debió efectuar la obra. Los colores tienen muchos matices y abundantes sombreados. La obra es una manifestación de la fe ingenua y sencilla del pueblo cristiano medieval que aceptaba sin crítica la historia de los santos. Se inspiran en la leyenda áurea. De su autoría se habló del nombre de Teresa Diez, ya que este nombre aparece escrito en las pinturas, pero ésta debía ser la donante como indican los escudos heráldicos de la familia que también aparecen. Descartada entonces Teresa Diez, es posible que sean obra de Domingo Pérez, el pintor que se representa como criado de Sancho IV en la firma de la policromía de la Portada de la Majestad de la Colegiata de Toro. Nos consta de este autor que también efectuó unos murales en la catedral da Zamora. El tema de las pinturas se puede clasificar en tres bloques:
1- Ciclo de Sta. Catalina de Alejandría: Dedicado a la virgen y mártir. Se componía de veintiuna escenas, mutiladas tras la colocación de una predela en el coro del monasterio del que proceden. Se reconocen los siguientes pasajes: el encuentro con el emperador pagano y la discusión teológica con éste; el prendimiento de la santa; la visita del ángel en prisión; la santa ante la puerta del castillo donde estaba presa; la discusión con los sabios y la quema de éstos; la oración que precede al suplicio de las ruedas dentadas a las que sobrevive y mueren los sayones; la decapitación de la santa; el ascenso al cielo; y por último, los ángeles alrededor de su cuerpo en el Sinaí. Sobre las escenas hay textos explicativos entre los que hay escudos y flores de lis. La longitud del ciclo es de 615 centímetros de largo.
2- Ciclo de San Juan Bautista: Se expone este ciclo en diez escenas que son las siguientes: el anuncio del arcángel Gabriel a Zacarías, la visitación de la Virgen, el nacimiento de San Juan, el crecimiento del Bautista en el desierto, la salida del mismo a la vida pública, el banquete de Herodes, San Juan en el castillo de Macherota donde lo decapitan y dos ángeles lo suben al cielo y el sepulcro con el cuerpo muerto. La secuencia está enmarcada por una orla decorada. Su dimensión es de 566 centímetros.
La exposición en la iglesia se completa con: -Retablo mayor: es el único elemento in situ que se conserva en el templo. Es de época barroca y fue contratado en 1716 por Carlos Carnicero, con tres óleos de Alonso Domínguez y escultura hispano-flamenca de San Sebastián retocada en 1717 por Antonio Tomé. El dorado es de 1742. Tiene pinturas circundantes de gusto rococó. -Pintura mural de San Bernardino y una tabla de la Virgen del s. XVI. -Escultura de San Cristóbal de 1518 y policromía del s. XVII. - En la sacristía se conserva una curiosa exposición de exvotos muestra de arte popular que manifiesta el respeto y la admiración hacia el patrón de la ciudad, el Cristo de las Batallas.
|
||||||||||||||||||||||